La pequeña me echará de menos...eso pensaba Nadia mientras caminaba lentamente pero firme, atrás dejaba su nave; su único lugar de residencia en muchos años.
Sus huellas se perdían casi al instante de provocarlas; la brisa del exterior se las devoraba con cierta parsimonia.
El tiempo pasó.
Fue entonces cuando la vi y mientras me acercaba sus palabras salieron de su boca como pequeños peces envueltos en una ráfaga de agua recién desbordada de una gran presa; su boca. ¿ Quien me dará lápices de colores?.
te doy el azul y el morado...para los peces.
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